Imagen surrealista de estilo psicodélico con un chamán bebiendo ayahuasca en la selva, un cerebro brillante en el cielo y el rostro de Jacobo Grinberg, simbolizando la conexión entre mente, conciencia y naturaleza. Imagen surrealista de estilo psicodélico con un chamán bebiendo ayahuasca en la selva, un cerebro brillante en el cielo y el rostro de Jacobo Grinberg, simbolizando la conexión entre mente, conciencia y naturaleza.

Ayahuasca y Jacobo Grinberg: La experiencia que me hizo entender su teoría

Te voy a contar algo que no es fácil de contar. No porque sea secreto, sino porque las palabras se quedan cortas. Y porque la gente, cuando no has vivido algo, a veces piensa que exageras o que te has vuelto raro.

Voy a intentarlo igual. Por si a alguien le sirve.

Lo que me llevó a beberlo

No soy hippie ni esotérico. Soy una persona normal, con trabajo normal, facturas que pagar y poco tiempo para pensar en el sentido de la vida. Pero llegó un momento en que algo no iba bien. No era físico. Era una sensación de vacío, de estar atrapado en la misma rutina, de no saber muy bien qué hacía aquí. Ni siquiera estaba triste. Estaba apagado.

Un amigo que había pasado por algo parecido me habló de la ayahuasca. Me dijo que tenía cuidado, que no era un juego, que había que hacerlo en un sitio serio, con gente que supiera. Me dijo que a él le había cambiado la vida. Yo me reí, pero luego empecé a leer.

Lo que leí me dio miedo y curiosidad al mismo tiempo. Gente que vomitaba, gente que gritaba, gente que veía monstruos. Pero también gente que decía haber visto la luz, haberse encontrado con su infancia, haber perdonado lo imperdonable.

Me inscribí. Con miedo. Con dos dedos de frente. Y con la certeza de que igual estaba haciendo una tontería.

Qué es eso que se bebe

La ayahuasca no es una pastilla ni un polvo. Es un brebaje espeso, marrón, de sabor horrible. Se hace con dos plantas de la selva amazónica. Una es la liana, la otra es una hoja. La combinación no es casual: una tiene unas sustancias que la otra necesita para activarse. Juntas abren una puerta que normalmente está cerrada.

En la tradición amazónica no es una droga. Es una medicina. Es un sacramento. Se toma en ritual, de noche, con cantos, con un chamán que guía y acompaña. No es para pasarlo bien. Es para mirar dentro.

Lo que Grinberg pensaría de todo esto

Meses después, ya de vuelta en casa, empecé a leer a Jacobo Grinberg. Y me encontré con alguien que había dedicado su vida a entender qué pasa cuando la percepción cambia. Grinberg era científico, pero se atrevió a tomar en serio lo que la ciencia académica suele ignorar.

Él decía que la realidad no es algo fijo ahí fuera. Es una construcción de nuestro cerebro. Y que nuestro cerebro interactúa con un campo de información universal, al que llamaba el lattice. Normalmente, solo accedemos a una parte de ese campo. Pero en estados alterados de conciencia —como los que produce la ayahuasca—, el cerebro cambia su forma de funcionar y puede acceder a más información.

No es que salgas del cuerpo. Es que tu cerebro deja de filtrar la realidad como siempre lo hace y empieza a traducirla de otra manera. Las visiones no serían alucinaciones sin sentido, sino interpretaciones de algo real, algo que está ahí pero que normalmente no vemos.

Cuando leí eso, algo hizo clic. Porque en mi experiencia con ayahuasca no vi monstruos ni dragones. Vi cosas muy personales. Vi recuerdos de mi infancia con una claridad que no tenía, sentí emociones que creía olvidadas, tuve conversaciones con personas que ya no están. Y todo eso no se sintió como una fantasía. Se sintió real. Más real que la vigilia.

El ritual y el caos

La noche de la ceremonia fue larga. Llegamos al centro como a las siete de la tarde. Una casa en el campo, sin lujos, con una sala grande con colchonetas en el suelo. El chamán era un hombre delgado, de pelo largo, con una voz que parecía venir de otro sitio.

Nos explicó lo que iba a pasar. Que era normal sentir miedo. Que era normal vomitar. Que no nos aferráramos a nada, que dejáramos que el brebaje hiciera su trabajo, que confiáramos.

Llegó el momento. Una fila, un vaso pequeño, un líquido espeso y amargo. Me lo bebí de un trago y volví a mi colchoneta.

La primera hora no pasó nada. Pensé que me habían dado un placebo, que todo era un montaje. Me empecé a relajar, a reírme para mis adentros de mi paranoia.

Y entonces, de repente, la colchoneta empezó a moverse. No es que temblara, es que sentía que estaba flotando. Cerré los ojos y empecé a ver colores, figuras geométricas, patrones que se movían como si tuvieran vida. No daba miedo. Era hermoso.

Pero luego se intensificó. Empecé a revivir cosas de mi niñez. Una discusión de mis padres que creía olvidada. La sensación de soledad en mi habitación cuando no querían que bajara. Un enfado conmigo mismo por algo que no tenía importancia. Y todo eso venía con una carga emocional enorme.

Lloré. Vomité. Lloré más. Y en medio de todo eso, sentí una presencia. No era una persona, era como una inteligencia amorosa que me decía que todo estaba bien, que podía soltar, que no necesitaba cargar con tanto peso.

La experiencia duró horas, aunque perdí la noción del tiempo. Cuando volví, estaba agotado, vacío, pero también ligero. Como si me hubieran quitado una mochila que llevaba años cargando.

Lo que cambió después

No fue una transformación mágica. No salí de la ceremonia siendo otra persona, iluminado y perfecto. Pero algo cambió.

Esa tristeza sorda que llevaba dentro, esa sensación de que algo no iba bien, se había ido. No del todo, pero sí lo suficiente para que pudiera respirar.

Empecé a tomarme las cosas con menos drama. A no engancharme a pensamientos que me hacían daño. A perdonar a mis padres por lo que no me dieron, y a perdonarme a mí mismo por lo que no fui.

La ayahuasca no me dio respuestas. Me dio preguntas y un espacio para mirarlas sin miedo. Y eso, al final, es más valioso.

Con el tiempo descubrí algo que me sorprendió. Lo que había vivido no era solo una colección de testimonios aislados o historias difíciles de comprobar. En los últimos años, varias universidades y centros de investigación han empezado a estudiar la ayahuasca con herramientas científicas. Una revisión publicada en la revista European Neuropsychopharmacology analizó la evidencia disponible y concluyó que los resultados más consistentes apuntan a un posible beneficio en personas con depresión, además de abrir líneas de investigación en ansiedad y adicciones. La ciencia todavía está lejos de entender por completo qué ocurre durante estas experiencias, pero ya no las mira únicamente como una curiosidad antropológica. Algo parece estar pasando ahí dentro, y por primera vez se está intentando medir con rigor.

El Grinberg que me acompañó después

No conocí a Grinberg, desapareció en los noventa. Pero su forma de pensar se quedó conmigo. Él no hablaba de viajes astrales ni de realidades paralelas. Hablaba de la percepción como un proceso activo, no pasivo. De que la realidad la construimos, no solo la recibimos.

Y eso cambia la forma de vivir. Porque si la realidad la construyes, entonces puedes aprender a construirla mejor. Puedes entrenar tu cerebro para que no se enganche al miedo, para que no repita los mismos patrones, para que abra la puerta a experiencias más amplias.

No necesitas ayahuasca para eso. Pero para mí, fue el empujón que necesitaba.

Una advertencia que debo hacer

La ayahuasca no es para todo el mundo. Hay personas con problemas psiquiátricos que pueden pasarlo muy mal, empeorar. También hay turismo espiritual barato, lugares sin seriedad que pueden ser peligrosos. Hay que informarse bien, ir con profesionales, no hacerlo en casa ni con cualquiera.

Y no es la única vía. La meditación, la terapia, el deporte, el arte. Todo eso también abre puertas. La ayahuasca es una herramienta potente, pero como toda herramienta, en manos equivocadas puede hacer daño.

Lo que me llevo

Sigo siendo una persona normal, con trabajo y facturas. Pero ya no me siento apagado. Algo se movió esa noche. Y lo que vino después fue un trabajo lento, de meses, de integrar lo vivido, de llevar a la vida cotidiana lo que se me mostró.

No sé si el lattice existe. No sé si Grinberg tenía razón. No sé si lo que vi fue real o invención de mi cerebro. Lo que sé es que me hizo bien. Y que hay preguntas sobre la conciencia que la ciencia aún no puede responder. Y que mientras tanto, vale la pena explorar con respeto, con cuidado, pero sin miedo.

Porque al final, lo más importante no es si la ayahuasca te conecta con algo divino o solo contigo mismo. Lo importante es que te conecta. Y de la conexión, si la sabes aprovechar, nace la sanación.

  1. Coincido en muchas de las cosas de este artículo. En lo personal tengo un trabajo que comencé hace ya casi 12 años con abuelita Ayawaska. los últimos 4 años no he tomado, hasta hace un fin de semana.. Pero lo que si puedo entender es que después de hacer el trabajo relativo a lo personal.. ya conectas con el universo. se abre esa puerta Astral, ese tercer ojo. y lo que existe ahí es la totalidad del universo. está toda la información desde que el mundo es mundo. y puedes entender cómo ciertas tribus indígenas tenian ese conocimiento extraordinario de astrología y etc.. Puesto que toda información viene transmitida por seres espirituales,astros del universo que conectan en esa realidad (dimension) Para mí es un verdadero regalo cuando puedo estar ahí. es muy difícil explicar.. puesto que el único lenguaje que ahí existe son las visiones. Ahó

  2. Un tema por demás interesante, se comenta que no es para todos por cuestiones médicas pero también no es para otras personas médicamente sanos y sin problemas pero si limitante pensamiento no les permite que estos temas sean de su agrado, de echo es muy bajo el porcentaje de la humanidad que quiere y puede interesarle todo esto, he aprendido a observar un poco y la humanidad incluyendo familiares directos viven como zombies, no analizan no preguntan muchooooo menos se interesan por saber de todo esto, espero seguir aprendiendo y nunca dejar de hacerlo, es grato saber que hay lugares donde a uno no se le considera un fuera de lugar por pensar creer en todos estos temas

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