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Sorprende a tu mente, de Ana Ibáñez – Reseña y opinión

Voy a ser sincero: cuando compré este libro, lo hice más por impulso que por convicción. Estaba en la librería, pasando el rato, y el título me llamó la atención. Sorprende a tu mente. Sonaba bien. Sonaba a algo que necesitaba, aunque no supiera muy bien el qué. Lo cogí, leí la contraportada, vi que la autora era ingeniera química y piloto de helicóptero y pensé: «esto tiene que ser diferente». Y lo era.

Pero no voy a engañarte. Al principio me costó. No por el libro en sí, sino porque yo no estaba preparado para lo que decía. Llevaba años convencido de que mi cerebro era así y punto. Que mi ansiedad era parte de mí. Que mi falta de concentración era un defecto de fábrica. Que el estrés era el precio que tenía que pagar por vivir a este ritmo.

Y entonces llegó Ana Ibáñez y me dijo, con cuidado pero sin ambages, que quizá estaba equivocado.

La autora que no encaja en ningún molde

Cuando piensas en alguien que escribe sobre neurociencia, te imaginas a un tipo con bata blanca y cara seria, ¿verdad? Pues Ana Ibáñez es todo lo contrario. Ingeniera química, nadadora de alto rendimiento y piloto de helicóptero. Vamos, que no es la típica divulgadora que ha vivido siempre en una burbuja académica.

Y eso se nota. Cuando habla del estrés, no lo hace desde el papel. Lo hace desde la experiencia de alguien que ha tenido que mantener la calma en situaciones de verdadera presión. Cuando habla de rendimiento, sabe de lo que habla porque ha competido al más alto nivel. Eso, para mí, le da una credibilidad que otros autores no tienen.

Me da la sensación de que Ibáñez no está intentando venderme humo. Está intentando contarme lo que ha aprendido en su propia piel y en la de la gente con la que ha trabajado. Y eso se agradece.

La idea que me cambió el chip

Hay un momento del libro en el que la autora explica que no somos nuestras emociones. Que cuando siento miedo, no soy «una persona miedosa». Que cuando tengo ansiedad, no soy «un ansioso». Y yo me quedé mirando la página, sin poder creer lo sencillo que sonaba y lo mucho que me estaba removiendo por dentro.

Porque claro, yo llevaba años definiéndome por lo que sentía. Si estaba nervioso, decía «es que soy nervioso». Si me costaba concentrarme, decía «es que soy despistado». Y esas etiquetas se habían convertido en mi identidad. En una prisión de la que no sabía cómo salir.

El libro te explica que el cerebro tiene una capacidad increíble para cambiar. Que podemos entrenarlo, como entrenamos un músculo. No es magia. Es neuroplasticidad. Y aunque la palabra suena a ciencia ficción, la idea es sencilla: lo que haces una y otra vez se vuelve más fácil. Lo que dejas de hacer se debilita.

Y eso significa que los patrones que llevo años repitiendo se pueden deshacer. Que las conexiones que mi cerebro ha fortalecido con el tiempo se pueden debilitar si dejo de alimentarlas. Que tengo más poder del que creía. No un poder absoluto, ojo. Pero sí un margen de maniobra que no sabía que existía.

El día que entendí mi estrés

El capítulo sobre el estrés me dio una hostia. Pero de las buenas. Porque yo pensaba que el estrés era mi enemigo. Que tenía que eliminarlo a toda costa. Y el libro me explicó que el estrés, en realidad, es una respuesta adaptativa. Que nos prepara para actuar. Que nos mantiene vivos.

El problema no es el estrés en sí. El problema es cuando se cronifica. Cuando el cerebro se acostumbra a vivir en ese estado de alerta permanente. Cuando ya no sabes estar tranquilo porque tu cuerpo se ha olvidado de cómo se hace.

Y yo, leyendo eso, me vi reflejado. Llevaba meses, años quizá, viviendo en modo emergencia. Siempre esperando lo peor. Siempre preparado para el golpe. Y mi cerebro, que es listo pero no tanto, había interpretado que esa era mi nueva normalidad.

El libro no te dice «deja de estresarte» porque eso sería absurdo. Te dice aprende a relacionarte con el estrés de otra manera. Y eso es muy diferente. No se trata de eliminar algo que es natural, sino de no dejar que te controle. De que cuando llegue, lo reconozcas, lo aceptes, y no te dejes arrastrar.

Suena fácil, ¿verdad? Pues no lo es. Pero al menos ahora sé que hay un camino.

La concentración en tiempos de locura

Otro tema que me tocó la fibra fue el de la atención. Porque vivo con el móvil pegado a la mano. Con notificaciones que no paran. Con el cerebro saltando de una cosa a otra como un mono hiperactivo.

Y el libro me hizo darme cuenta de algo que parecía obvio pero que yo no había visto: mi falta de concentración no es culpa mía. Bueno, en parte sí. Pero también es culpa del entorno en el que vivo. De un mundo diseñado para distraerme. De aplicaciones y algoritmos que compiten por mi atención como si fuera un premio.

Ibáñez propone entrenar la atención. Hacer ejercicios. Poner el móvil en silencio. Hacer pausas conscientes. Nada revolucionario, pero sí efectivo. Y lo que más me gustó es que no te hace sentir culpable por distraerte. Te dice «esto es lo que hay, pero puedes mejorar».

Y eso, para alguien que se pasaba el día autocrítico, fue un alivio.

El límite de todo esto

Ahora, no todo es color de rosa. El libro es optimista, a veces demasiado. Y hay que leerlo con un poco de distancia. Porque el cerebro es complejo. Y los problemas emocionales no siempre se solucionan con ejercicios de atención o cambios de hábitos.

Creo que lo más importante es entender que podemos influir, pero no controlar. Que hay factores que escapan a nuestra voluntad. Que no todo depende de lo bien que entrenemos nuestra mente. Y que reconocer eso no es rendirse, es ser realista.

Pero aun así, el mensaje del libro me parece valioso. Porque me recordó que no soy un espectador pasivo. Que tengo margen para moverme, para cambiar, para crecer. Que aunque no pueda controlarlo todo, puedo influir en más cosas de las que creo.

Lo que me llevo

Al final, Sorprende a tu mente me ha dejado varias cosas. La primera, que mi cerebro no es mi enemigo. La segunda, que las etiquetas que me he puesto no son inamovibles. La tercera, que tengo más capacidad de la que creía para cambiar mis patrones.

Y también me ha dejado una sensación de curiosidad. De querer saber más. De observar mis hábitos con otros ojos. De preguntarme «¿por qué reacciono así?» en lugar de juzgarme por hacerlo.

No sé si el libro ha transformado mi vida. Quizá sea pronto para decirlo. Pero sí sé que ha cambiado mi forma de mirar. Y esa, a veces, es la transformación más importante de todas.

Sorprende a tu mente: Entrena tu cerebro — Descubre el potencial que hay en tu mente

Sorprende a tu mente, de Ana Ibáñez, es una invitación a comprender mejor el funcionamiento de nuestro cerebro y descubrir cómo determinados hábitos pueden influir en nuestra forma de pensar, sentir y actuar. A través de la neurociencia aplicada, la autora aborda cuestiones como el estrés, el miedo, las emociones, la concentración, el sueño y la autoestima, ofreciendo herramientas prácticas para el día a día. En esta reseña repasamos las principales ideas del libro, conocemos la trayectoria de su autora y valoramos sus aciertos y limitaciones como obra de divulgación y crecimiento personal.

    4.2 / 5

    Pros
    • Lenguaje claro y accesible: explica conceptos relacionados con la neurociencia de forma comprensible para cualquier lector.
    • Enfoque práctico: propone ideas y herramientas que pueden trasladarse a situaciones cotidianas. Temas muy actuales: aborda concentración, estrés, miedo, emociones, autoestima y descanso.
    • Mensaje motivador: transmite la idea de que podemos trabajar determinados hábitos y capacidades de nuestro cerebro.
    • Invita a la reflexión: anima al lector a observar sus propios pensamientos, emociones y comportamientos.
    • Buena conexión con la vida cotidiana: evita quedarse únicamente en la teoría y relaciona el funcionamiento cerebral con experiencias habituales.
    Cons
    • Algunas ideas pueden resultar repetitivas: determinados conceptos se retoman desde perspectivas similares a lo largo del libro.
    • Algunas explicaciones resultan simplificadas: para lectores con conocimientos de psicología o neurociencia, determinados conceptos pueden parecer demasiado básicos.
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