Mujer con gesto de angustia y las manos en la cabeza, mostrando tensión y sobrecarga emocional típica del estrés crónico. Mujer con gesto de angustia y las manos en la cabeza, mostrando tensión y sobrecarga emocional típica del estrés crónico.

Mi cerebro en modo alerta: cómo entendí el estrés crónico gracias a Marian Rojas Estapé

Hay días que siento como si mi cerebro hubiera pulsado el botón de «pánico» y luego se le hubiera olvidado cómo volver a la normalidad. Es esa sensación de estar constantemente en guardia, como si en cualquier momento fuera a sonar una alarma. La psiquiatra Marian Rojas Estapé lo define perfectamente: es quedar atrapado en «modo supervivencia».

Mi motor no sabe apagarse

Lo noto en mi cuerpo antes que en mi mente. Una tensión constante en los hombros, ese nudo en el estómago que se ha vuelto compañero fiel, las noches dando vueltas en la cama aunque el cansancio me venza. Es como si mi organismo hubiera decidido que estamos en peligro permanente y se niega a bajar la guardia. Marian lo explica con el cortisol siempre elevado – esa hormona del estrés que debería activarse solo para emergencias, pero que en mi caso parece haberse instalado para quedarse.

Mis pensamientos pueden ser mi enemigo

Lo más agotador es la mente que no para. La amígdala -esa parte primitiva de nuestro cerebro- ha tomado el mando y me llena de escenarios catastróficos mientras intento trabajar o mientras comparto una cena con amigos. «¿Y si pasa esto? ¿Y si ocurre lo otro?» Es una rueda sin fin de anticipaciones negativas que me roban el presente. Tomar decisiones se vuelve una tortura porque el miedo contamina todo.

Lo decía Marian Rojas y lo he comprobado en mi propia piel: el cuerpo habla lo que la mente calla. En mi caso, fueron problemas digestivos que ningún médico lograba explicar, una caída del cabello preocupante y una piel que reaccionaba con erupciones sin motivo aparente. Mi cuerpo estaba gritando lo que yo me negaba a escuchar: necesitaba parar.

La trampa

Reconozco que soy parte del problema. El móvil se ha convertido en una extensión de mi mano, chequeo correos a todas horas, respondo mensajes mientras como y me duermo con el teléfono en la mano. Esta hiperconexión constante nos mantiene en un estado de alerta que nuestro cerebro no está diseñado para soportar.

La ciencia detrás de esto

Este artículo de Mayo Clinic explica cómo la respuesta natural al estrés (y la secreción de cortisol) tiene sentido cuando hay una amenaza puntual, pero cuando los “estresores” son constantes —es decir, ante estrés crónico— esa alarma del cuerpo no se apaga, con consecuencias importantes: ansiedad, depresión, problemas digestivos, dolores musculares, alteraciones del sueño, problemas cardiovasculares, deterioro inmunológico…

Dile adiós al estrés crónico

Pero hay esperanza. He ido incorporando en mi vida algunas de las propuestas de Marian Rojas, no como grandes cambios, sino como pequeños gestos de cuidado:

  • Protejo mi sueño como si fuera un tesoro – sin pantallas una hora antes de dormir, aunque cueste.
  • Camino cada día – no para hacer ejercicio intenso, sino para que mi cuerpo libere la tensión acumulada.
  • Busco a mis «personas vitamina» – esas con las que salgo renovado, no agotado.
  • Practico estar presente – respirar conscientemente cuando noto que la ansiedad aprieta.
  • Distingo entre preocuparme y ocuparme – dejo de dar vueltas a lo que no puedo controlar.

Lo más liberador ha sido entender que salir del estrés crónico no se trata de hacer más, sino de hacer diferente. No es añadir tareas a mi agenda, sino cambiar mi forma de relacionarme con el tiempo y conmigo mismo.

Si te sientes identificado, quizás sea el momento de preguntarte: ¿estás viviendo o solo sobreviviendo? La diferencia puede estar en estos pequeños gestos que nos devuelven la paz que merecemos.

Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud. Más información

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