No suelo escribir de noticias de última hora, pero esta me ha llamado la atención por algo muy concreto: la combinación de un lugar cerrado, una enfermedad rara que suena a ciencia ficción y la tragedia de tres muertos que no han podido ni pisar tierra firme. Hablo del crucero MV Hondius, que ahora mismo está frente a las costas de Cabo Verde, con sus pasajeros atrapados a bordo, sin permiso para desembarcar, mientras las autoridades sanitarias internacionales intentan gestionar un brote de hantavirus.
Te cuento lo que se sabe hasta ahora.
El barco que se convirtió en una trampa
El MV Hondius es un crucero holandés de expedición, de esos que hacen rutas por lugares remotos. Hace tres semanas, salió de Ushuaia, en Argentina. El plan era recorrer la Antártida, las islas Malvinas, Georgia del Sur y otras islas perdidas del Atlántico Sur, para terminar en Cabo Verde, frente a la costa de África Occidental. En total, unas 150 personas a bordo.
Pero algo salió mal. Muy mal.
- Un pasajero de 70 años, holandés, empezó con fiebre, dolor de cabeza, dolor abdominal y diarrea. Murió en el barco cuando estaban cerca de Santa Elena, un territorio británico en medio del océano. Su esposa, de 69 años, fue evacuada a Sudáfrica, pero colapsó en el aeropuerto de Johannesburgo y murió en un hospital cercano .
- Un tercer pasajero, británico, fue desembarcado en la Isla Ascensión. Está en estado crítico en un hospital de Johannesburgo, con el diagnóstico confirmado: hantavirus.
- Y hay al menos dos personas más a bordo con síntomas que requieren atención médica urgente. El cuerpo del tercer fallecido sigue en el barco. No han podido desembarcarlo.
El virus que no se ve pero mata
El hantavirus. Suena a nombre de película de los noventa. Pero es real, y es grave.
No es un virus nuevo, pero sí poco frecuente. Se transmite por contacto con excrementos, orina o saliva de roedores infectados . No es un contagio típico de persona a persona, aunque la OMS advierte que, en raras ocasiones, puede ocurrir .
El problema es que hay dos tipos de hantavirus. Uno, el del «viejo mundo» (Europa y Asia), afecta más a los riñones. El otro, el del «nuevo mundo» (América), afecta a los pulmones y el corazón, y es mucho más letal. Por los síntomas que han tenido estos pasajeros —dificultad respiratoria grave—, los expertos creen que podría ser la variante americana. Y esa mata. En Sudamérica, ha habido brotes con tasas de mortalidad de más del 50%. De 11 casos recientes en la Guayana Francesa, 6 murieron.
La OMS aún no ha confirmado cuál de las dos variantes es, pero están secuenciando el virus para averiguarlo.
¿Qué dicen los expertos?
Diversos organismos internacionales respaldan la gravedad —aunque limitada— de este tipo de brotes. La Organización Mundial de la Salud ha confirmado casos en este incidente y recuerda que el hantavirus puede provocar síndromes graves como el pulmonar o la fiebre hemorrágica. Por su parte, los Centers for Disease Control and Prevention explican que la infección se produce principalmente por la inhalación de partículas contaminadas procedentes de orina, saliva o excrementos de roedores, lo que encaja con la hipótesis de exposición ambiental durante escalas en zonas remotas. En la misma línea, fuentes médicas señalan que la enfermedad puede evolucionar rápidamente hacia complicaciones respiratorias graves e incluso mortales en algunos casos , lo que explica la contundencia de las medidas de aislamiento adoptadas en el crucero.
El drama del aislamiento: nadie puede bajar
El barco llegó a Praia, la capital de Cabo Verde. Pero las autoridades del país han denegado el permiso para atracar. La presidenta del Instituto Nacional de Salud Pública de Cabo Verde fue clara: la decisión es para «proteger a la población caboverdiana».
Médicos locales han subido al barco para evaluar a los dos enfermos que siguen a bordo, pero no tienen autorización para bajarlos. La empresa operadora, Oceanwide Expeditions, está en conversaciones con las autoridades neerlandesas para repatriar a esos dos pasajeros directamente a los Países Bajos en un vuelo medicalizado. Pero todo depende de que Cabo Verde dé el visto bueno.
Mientras tanto, los pasajeros que están sanos —unos 150— siguen a bordo. Les han pedido que usen mascarillas, mantengan distancia y eviten el contacto innecesario . Pero en un barco, eso es casi imposible.
Lo que dice la OMS y por qué no deberíamos alarmarnos (aunque es normal asustarse)
La OMS ha intentado calmar los ánimos. Hans Kluge, su director para Europa, declaró que «el riesgo para la población general sigue siendo bajo» y que «no hay razón para el pánico ni para imponer restricciones de viaje».
Es cierto. El hantavirus no es como el coronavirus. No se transmite por el aire ni tosiendo. Se necesita contacto con excrementos de roedores. Por eso los casos en humanos son raros fuera de entornos rurales o de contacto con animales.
Pero en un crucero, donde la gente está hacinada y ha pasado por zonas con roedores —la Patagonia argentina, las islas subantárticas—, el riesgo de exposición ambiental existe. Y una vez que alguien se infecta, aunque la transmisión entre humanos es excepcional, no es imposible. En el pasado ha ocurrido en brotes cerrados.
Por eso, el aislamiento del barco tiene sentido. No es histeria. Es precaución.
Lo que viene ahora
En los próximos días, se espera que los dos pasajeros enfermos sean evacuados. Si no es a tierra en Cabo Verde, será directamente a Holanda. El barco, mientras tanto, sigue fondeado frente a la costa, con sus ocupantes mirando el mar, esperando.
Se están investigando las causas exactas y el origen del virus. La hipótesis más probable es que alguien entrara en contacto con roedores infectados en algún punto de la escala, quizás en el sur de Argentina o en alguna de las islas, y luego el virus se propagara en el espacio cerrado del barco.
También están haciendo el rastreo de contactos en Sudáfrica, por si alguien más estuvo expuesto en el aeropuerto o el hospital.
Es fácil leer esta noticia desde la distancia y pensar que es una rareza, algo que no nos va a tocar. Pero lo que le está pasando a esos pasajeros es el recordatorio de lo frágiles que somos cuando nos adentramos en lugares remotos. Un virus que apenas conocemos, transmitido por un ratón, ha sido capaz de detener un barco entero, matar a tres personas y dejar a cientos varados en alta mar sin poder pisar tierra.
Y también es el recordatorio de que la salud pública no entiende de fronteras. Este barco es holandés, salió de Argentina, tiene pasajeros británicos y holandeses, está fondeado frente a Cabo Verde, y la coordinación de la respuesta la lidera la OMS desde Europa. Un lío diplomático y sanitario de proporciones.
Ojalá los dos enfermos que siguen a bordo puedan ser evacuados a tiempo. Ojalá el resto de pasajeros no tengan síntomas y puedan volver a casa pronto. Y ojalá esto sirva para que los cruceros revisen sus protocolos de control de plagas y de respuesta a brotes.



