Cuando leí la noticia, me quedé helado. Ochenta y dos personas afectadas. Cinco fallecidos. Todo en el Upper East Side de Manhattan, un barrio que en mi imaginación siempre ha sido sinónimo de edificios elegantes y calles tranquilas. Pero resulta que hasta en los sitios más cuidados, puede esconderse un peligro invisible.
El brote se ha concentrado en Carnegie Hill y Yorkville, y las autoridades han estado trabajando a contrarreloj para localizar el origen. Según explicó el Departamento de Salud de Nueva York en sus últimos comunicados, la bacteria Legionella fue detectada en varias torres de refrigeración de la zona. Y ahí empezaron las labores de inspección, limpieza y desinfección. Pero claro, eso no devuelve a quienes ya han enfermado.
¿Qué es esto de la legionela?
Voy a ser sincero: antes de esta noticia, tenía una idea muy vaga de lo que era la legionelosis. Sabía que era algo relacionado con el agua y que podía ser peligroso, pero no mucho más. Así que me puse a investigar, porque cuando veo que hay muertos de por medio, necesito entender.
La legionelosis es una infección causada por bacterias del género Legionella. La forma más grave es la llamada enfermedad del legionario, que básicamente es una neumonía que puede ser muy agresiva. Los síntomas incluyen fiebre alta, tos, dificultad para respirar, dolores musculares… Vamos, lo que no quieres tener nunca. Y, como apuntan los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el riesgo de complicaciones es mucho mayor en personas mayores, fumadores, enfermos pulmonares crónicos o con defensas bajas.
Lo que más me llamó la atención es que la bacteria no se transmite de persona a persona, como el resfriado. Tampoco sale del grifo de casa ni del aire acondicionado doméstico. El peligro está en los aerosoles, esas pequeñas gotas de agua que se dispersan en el aire y que pueden salir de torres de refrigeración, fuentes decorativas, sistemas de climatización de grandes edificios… Lugares que, en teoría, no deberían ser un problema.
La ciudad que nunca duerme…
Me puse a pensar en la magnitud del asunto. Nueva York es una ciudad densa, con edificios enormes, sistemas de refrigeración complejos. Y en verano, con el calor, esos sistemas trabajan a pleno rendimiento. Es el caldo de cultivo perfecto para que la bacteria prolifere si no se hace un mantenimiento adecuado.
Según informó el Departamento de Salud de la ciudad, las torres de refrigeración identificadas ya han sido tratadas, y no se han registrado nuevos casos en los últimos días. Pero la vigilancia sigue activa, porque en este tipo de brotes, una vez que la bacteria se instala, puede ser difícil erradicarla por completo. Los equipos de inspección no se han ido a casa; siguen revisando cada posible foco.
Y eso me parece bien, porque en estos casos la prevención es clave. De hecho, he leído que en 2015 ya hubo un brote similar en el Bronx, con más de cien casos y doce muertos. Aquello fue un aldabonazo que llevó a la ciudad a endurecer las normas de mantenimiento de las torres de refrigeración. Pero el hecho de que vuelva a ocurrir demuestra que el control debe ser constante y riguroso.
¿Quién está en riesgo y qué debemos hacer?
Las autoridades sanitarias han sido claras: la mayoría de los afectados son personas mayores o con enfermedades previas. Y eso me hizo pensar en mis padres, en mis abuelos. Gente que vive en ciudades, que respira el mismo aire, que usa los mismos sistemas de refrigeración sin saber lo que puede estar flotando.
Los CDC señalan que la legionelosis puede tratarse con antibióticos, pero el diagnóstico temprano es fundamental. Si alguien ha estado en la zona afectada y empieza con fiebre, tos o falta de aire, hay que acudir al médico sin demora. No esperar a que pase, no autodiagnosticarse.
En este brote concreto, las autoridades hicieron un llamamiento a los residentes de Carnegie Hill y Yorkville para que estuvieran atentos a los síntomas. Y también recordaron que la legionela no se contagia por beber agua del grifo, así que no hay que alarmarse con el consumo de agua corriente. El problema es el aire, no el vaso de agua.
Una reflexión que se me queda dentro
Esta noticia me ha hecho pensar en lo frágiles que somos, en cómo un sistema que nos mantiene frescos en verano puede convertirse en un enemigo silencioso. Y también en la importancia de la salud pública, de esas inspecciones que a veces parecen burocráticas pero que salvan vidas.
No sé si en España tenemos tan controlados estos sistemas como en Nueva York. Me pregunto si nuestras torres de refrigeración, nuestros sistemas de climatización, reciben el mismo nivel de vigilancia. Porque esto no es un problema de una ciudad, es un problema de todas las ciudades con grandes edificios.
Lo que está claro es que el brote de Manhattan ha vuelto a poner el foco en algo que quizá ignoramos demasiado a menudo: el mantenimiento de las infraestructuras que nos rodean. Y que, aunque no veamos la bacteria, está ahí, esperando su momento para colarse en nuestros pulmones.
Por eso, si vives en una gran ciudad, si trabajas en un edificio alto, si tienes personas mayores en tu familia, no está de más preguntar, informarse, saber qué medidas de control se aplican. Porque al final, de eso va la salud pública: de que todos pongamos un poco de atención.
Y si alguna vez estás en una zona con brote activo y notas síntomas respiratorios, no lo dudes: acude al médico. Mejor una visita de precaución que una complicación grave.



