Fue en una revisión rutinaria. Nada especial, solo los análisis de cada año. Me llamaron por teléfono unos días después: «Sus niveles de ácido úrico están altos. Habría que controlarlo». Colgué y me quedé mirando la pared, pensando. Ácido úrico. Sonaba a cosa de mayores, a algo que le pasa a otros. Pero me estaba pasando a mí.
Así que empecé a preguntar, a leer, a probar. Esto es lo que fui aprendiendo en el camino.
El agua es más importante de lo que creía
El médico fue muy claro: «Tiene que beber más agua». Yo nunca he sido de beber mucha. Un par de vasos al día y ya. Pero resulta que el ácido úrico se elimina por la orina. Si no bebes, no eliminas. Así de simple.
Me propuse beber dos litros al día. Al principio me costó, me pasaba el día en el baño. Pero al cabo de un mes, los análisis bajaron. Solo con agua. Sin cambiar nada más.
Ahora llevo siempre una botella encima. No falla.
Lo de las carnes rojas me dolió
Yo soy de los que disfrutan con un buen filete. O un asado. Pero resulta que las carnes rojas, y también los mariscos, tienen muchas purinas. Y las purinas son las que se transforman en ácido úrico.
No las he quitado del todo, pero las he reducido mucho. Ahora como más pollo, más legumbres, más pescado blanco. Y la verdad, no lo echo tanto de menos como pensaba.
El alcohol, esa conversación incómoda conmigo mismo
El médico me preguntó por la cerveza. Yo le dije que una al día, a veces dos. Puso una cara que no necesitó palabras.
La cerveza, me explicó, no solo tiene purinas, sino que además el alcohol frena la eliminación del ácido úrico. Doble problema.
Ahora la tomo solo algún fin de semana. Y cuando la tomo, es una, pequeña, y con mucha agua entre medias.
Las cerezas se convirtieron en mi postre favorito
Leí por ahí que las cerezas ayudan a bajar el ácido úrico. No sé si es verdad del todo, pero me gustan tanto que no necesitaba excusa. También las fresas, los cítricos. Empecé a tomar más fruta de postre y menos cosas con azúcar. Y noté que me sentaba mejor.
Lo del azúcar me hizo mirar las etiquetas
Porque el ácido úrico no solo sube con la carne y el alcohol. También con el azúcar. Sobre todo con ese azúcar escondido en los refrescos, en las galletas, en los yogures que parecen sanos.
Me puse a mirar las etiquetas y aluciné. Cosas que pensaba que eran inocentes llevaban cantidades de azúcar que no me esperaba. Las fui quitando poco a poco. Al principio eché de menos los refrescos, pero ahora el agua con limón me sabe mejor.
Los lácteos desnatados…
Siempre había oído que los lácteos no eran buenos para según qué cosas. Pero resulta que para el ácido úrico, los lácteos desnatados ayudan a eliminarlo. Me tomó por sorpresa, pero me lo creí.
Ahora tomo yogur desnatado, leche descremada. No es lo mismo, pero te acostumbras.
El ejercicio me costó, pero lo incorporé
No soy muy deportista. Pero me dijeron que el ejercicio moderado ayuda a controlar el ácido úrico. Empecé a caminar cada día. Media hora, nada del otro mundo. Y descubrí que no solo me bajaron los niveles, sino que además duermo mejor y estoy de mejor humor.
Eso sí, me advirtieron que no hiciera sobreesfuerzo, porque si te deshidratas, el ácido úrico sube. Así que caminar, bien. Correr un maratón, mejor no.
Las infusiones se convirtieron en mi ritual
Siempre había sido más de café. Pero me hablaron del diente de león, de la cola de caballo, del jengibre. Que ayudan a eliminar líquidos, que son diuréticos naturales.
Me compré un par de bolsas y empecé a tomar infusiones por la tarde. No sé si fue su efecto o el conjunto de todo, pero los análisis siguieron mejorando.
La sal también tenía su parte
No lo sabía, pero el exceso de sal, sobre todo la sal refinada, dificulta que los riñones eliminen el ácido úrico. Empecé a mirar los envases y a reducir la sal que añado a la comida. Cambié a sal del Himalaya, que me dijeron que era más natural.
El peso fue lo último que se puso en su sitio
No es que estuviera muy gordo, pero unos kilos de más los tenía. Y resulta que el sobrepeso está relacionado con el ácido úrico alto. Con los cambios que fui haciendo, fui perdiendo peso sin darme cuenta. Como mejor, me muevo más, y eso se nota.
La vitamina C, el pequeño empujón final
Por último, me dijeron que la vitamina C ayuda a reducir el ácido úrico. Empecé a tomar más kiwis, más pimientos, más brócoli. Y también un suplemento, después de consultarlo con mi médico. Un pequeño empujón que terminó de equilibrar los números.
¿Qué dice la ciencia sobre todo esto?
Con el tiempo descubrí que todo esto no solo me funcionaba a mí, también tenía respaldo científico.
Lo que fui descubriendo en el proceso no es solo experiencia personal, sino que tiene bastante respaldo científico: por ejemplo, se sabe que el ácido úrico se elimina principalmente a través de la orina, por lo que una buena hidratación favorece su excreción renal; además, diversos estudios confirman que este compuesto es el producto final del metabolismo de las purinas, presentes en alimentos como carnes rojas y mariscos, y que su acumulación depende tanto de la dieta como de la capacidad del riñón para eliminarlo .También hay evidencia clara de que factores dietéticos como el consumo de alcohol, el exceso de carnes y bebidas azucaradas están asociados con la hiperuricemia y la gota, mientras que mantener un peso adecuado y un buen perfil metabólico se relaciona con niveles más saludables de ácido úrico. Incluso nutrientes concretos como la vitamina C han sido estudiados por su posible efecto reductor sobre el ácido úrico gracias a su acción uricosúrica . En conjunto, la evidencia apunta a lo mismo que fui comprobando poco a poco: no es una sola cosa la que marca la diferencia, sino la suma de hábitos —hidratación, alimentación, control del peso y estilo de vida— los que realmente ayudan a mantener el ácido úrico en niveles saludables.
Lo que pienso ahora cuando miro atrás
Cuando me dieron el aviso, pensé que iba a tener que hacer cambios enormes, difíciles, que me iban a amargar la vida. Pero no fue así. Fueron pequeños ajustes: más agua, menos cerveza, algo menos de carne, más fruta. Nada radical.
Y lo mejor es que no solo me bajó el ácido úrico. Me siento mejor en general. Con más energía, menos hinchado, con mejor digestión.
Si te acaban de decir lo mismo que a mí, no te preocupes. No es una condena. Es un aviso, una oportunidad para hacer pequeños cambios que te van a venir bien. El cuerpo te está pidiendo atención. Y si se la prestas, te lo agradece.
Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud. Más información



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